Nos pasa con cualquier comida. Nuestro amor a la gastronomía y al disfrute mientras uno come es tal, que cuando se acerca la hora de trabajar la mandíbula, estamos impacientes y entusiasmados. Tengo un compañero de trabajo (pobrecito) para el que comer es una necesidad fisiológica, igual que respirar o dormir. Eso dice. Imagino que tuvo que ser un despiadado dictador asesino en otra vida, porque no ser capaz de disfrutar con uno de los mayores placeres del mundo es muy grave.
Como siempre acabo divagando. Venga va, prometo no hacerlo más.


