Nos pasa con cualquier comida. Nuestro amor a la gastronomía y al disfrute mientras uno come es tal, que cuando se acerca la hora de trabajar la mandíbula, estamos impacientes y entusiasmados. Tengo un compañero de trabajo (pobrecito) para el que comer es una necesidad fisiológica, igual que respirar o dormir. Eso dice. Imagino que tuvo que ser un despiadado dictador asesino en otra vida, porque no ser capaz de disfrutar con uno de los mayores placeres del mundo es muy grave.
Como siempre acabo divagando. Venga va, prometo no hacerlo más.
Así que retomo el hilo. Como decía, disfrutamos ante la llegada inminente de cualquier comida, pero en esta cena, había un algo especial. Para empezar una cena preparada por el equipo de Dani García (del cual ya hemos hablado varias veces de lo que opinamos al respecto), además rodeados de amigos gastrónomos de buena parte de España.
Antes de nada decir que el Restaurante está en La Milla de Oro de Marbella. No sé muy bien por qué pero, al menos para nosotros, fue complicado enterarnos de dónde estaba. Menos mal que nuestro amigo Rafa nos indicó a la perfección. Desde luego no se fíen de lo que indica google maps.
Volviendo al evento, decir que afortunadamente estamos bien educados y esa ansia que teníamos por devorar la supimos disimular jeje.
Tras una sorprendente, divertida y didáctica cata de Cervezas Victoria dirigida por Pepe Ferrer, nos dirigimos a la cena. Un menú degustación de 13 platos y 2 postres. Toma ya.
Empezamos con unos espárragos de parmesano, los cuales estaban bastante sabrosos. Aunque tengo que decir que me gustan mucho más los espárragos blancos de los de verdad que el queso Parmesano (y eso que soy un amante del Queso, de hecho creo que podría decir que amo el queso. Sí. Carrascal Bollo LOVE Queso).
Tengo familia en Logroño, y cada vez que subo a verlos, me tomo sin exagerar unos 237 espárragos blancos de los gordos al día (y no exagero ni divago). Lo dicho, aunque prefiero los de verdad, estos también estuvieron bien.
Otro aspecto positivo de esta cena fue poder probar alguno de los clásicos platos de Dani García, como el Gazpacho de cerezas con queso fresco de Ronda, del cual me tomaría una cacerola de un litro sin duda.
Las Croquetas de la pringá del puchero y las de choco en su tinta las habíamos probado en otras ocasiones. Nunca me cansaré de probarlas. Ya hemos hablado aquí muchas veces de nuestra pasión por las croquetas. Estas de choco son para mi de las mejores que he comido nunca
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| Croquetas de Pringá del Puchero |
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| Croquetas de Choco. Gozada absoluta |
Otro clásico y con el que además cumplí lo que el propio plato decía, me tomé mi “Primer Yogur de Foie”. Creo que no conozco a nadie a quien no le guste el foie, uno de mis productos favoritos (anda que soy tonto). Es difícil que un plato con foie no esté bueno. Este estaba delicioso.
No me voy a marcar el pegote. Kimuchi. Me viene a la mente Wipp Express ¡Y mi Kimuchi, Kiá! ¿Soy demasiado viejo o nuestros lectores recuerdan el anuncio? Lógicamente lo del Kimuchi es algo típico de la comida Japonesa. Según nuestra amiga la wikipedia es esto.
Yo lo que sé es que estaba delicioso, y congeniaba de maravilla con la lima. La ostra también estaba rica, aunque para mi fue el plato que menos me entusiasmó. No sé si porque para mi gusto estaba algo fría, o por “la primera vez”. Uno recuerda con cierto hormigueo especial “la primera vez”. El primer beso. El primer amor...
Yo recuerdo mi primera ostra. Será por eso mismo, que desde entonces no me he comido una que me transportara de forma tan inmediata al mar, por eso supongo que me decepcionó algo, porque nunca, nada llegará al nivel de “aquella primera vez”... precisamente por eso, por ser la primera.
Los churros de bacalao eran como buñuelos de bacalao en forma de churro. Con el bacalao digo lo mismo que con el Foie. El Bacalao es uno de mis platos fetiche. Estos estaban algo plastosos pero muy sabrosos.
El tiradito de lubina con yuzu, soja y miso fue de los preferidos de la gente. Lógico porque fue una delicia. A estas alturas de la película el resto de comensales ya habían captado que nuestra capacidad devoradora era superior al de la media, por lo que solíamos repetir varias veces de los platos que eran para compartir. De esta lubina me inflé, aunque sigo pensando que en este tipo de preparaciones, la salsa de soja suele destacar demasiado para mi gusto.
Otro clásico es la baguette de matrimonio con anchoas y boquerones en vinagre. Ayyy los boquerones en vinagre. Otro recuerdo infantil gastronómico tremendo. Sí. Esta vez me lleva a las playas de Los Álamos en Málaga, cuando tras estar todo el día jugando con el mar, a media tarde mi madre sacaba el tupper con los boquerones en vinagre. Madre mía, una barra de pan entera podía caer.
Ahora con el anisakis famoso lo como mucho menos. De hecho prácticamente nunca lo pido si salgo fuera, y los caseros, al pasar por el congelador, suele notarse una diferencia clara. Aún así siguen siendo una absoluta delicatessen para mi. Estos cumplían lo fundamental: Que no estuvieran profundamente avinagrados. Sí, son “en vinagre”, pero no deben saber sólo y exclusivamente a vinagre, algo que desgraciadamente suele ser habitual... tan avinagrados que hasta los pelos de la nariz se te erizan.
El mollete de presa ibérica con pesto rojo.... Con esos ingredientes no podía fallar, y así fue. Conjunción maravillosa.
Y para terminar seguramente los dos mejores platos, el salmón marinado en sake, miso y mirin con caviar de berenjenas y el Ravioli de rabo de toro con puré especial Milmilagros.
Para mi el salmón fue lo mejor de todo. Una delicadeza y sabor tremendos. Y que todavía hoy día haya que aguantar a gente decir que el salmón es un pescado “seco”...
El Rabo de toro dentro del Ravioli fue otra gozada. El rabo de toro es otro de nuestros platos fetiche (sí, tenemos muchísimos jeje). Y el puré con una suavidad extrema.
Fue el colofón perfecto a un menú variado, divertido y sabroso.
Y para terminar, llegaron los postres.
El tiradito de piña y pasión, era eso. Piña y fruta de la pasión.
Bien, pero sin duda, no había otra mejor manera de acabar que no fuera con la Torrija empapada en leche de coco y chocolate blanco con menta helada.
Uno de los mejores postres que probamos en todo el año pasado. Aquella vez fue en La Moraga, y esta en MilMilagros.
Nuestra conclusión es obvia: Los gastrobares de Dani García son un éxito gastronómico total, donde siempre se disfrutará de una extraordinaria comida... tendremos que ir a probar su restaurante Calima y sus dos estrellas a ver qué tal.
carrascalbollo@gmail.com


















1 comentario:
Nada, si tenía claro que quería visitar mil milagros ahora me lo habéis puesto mejor todavía. lo de Calima lo veo más dificil porque con esos precios no hay quién pueda...
Saludos
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