lunes, 26 de julio de 2010

Comer en India I. Delhi, nido de águilas

Parece increíble que en una ciudad como Delhi, pobladísima y polucionadísima, podamos encontrar vida natural alguna. Pues así es. Y lo que más me sorprendió fueron las águilas, campando en cada rincón de la ciudad. Nada parece importunarlas o interrumpir su viaje a lo largo de los tejados de la ciudad. Recuerdo que la primera mañana que pasé en la ciudad, al salir de la habitación del hotel Rak Int. y asomarme a su terraza, encontré un ejemplar a unos pocos metros de mí, sobre la balaustrada de piedra, no pareció inmutarse y sólo levantó el vuelo cuando sus tareas la reclamaron.
 
 En esta parada de nuestro viaje nos alojamos en la zona de Main Bazaar, cuna de mochileros de todos los países que recalan en Delhi buscando experiencias, compras y unos precios más que razonables para alojarse y comer. Claro, que hay que tener ojo a la hora de la higiene, hay que saber dónde meterse. Main Bazaar está compuesto por un conjunto laberíntico de callejuelas que han surgido sin ningún orden alrededor de la zona de Paharganj, muy cerca de la estación central de trenes de Delhi. Su ambiente es indescriptible, gentes de todas partes, locales de todo tipo donde puedes comprar de todo, polvo, conductores de rickshaw dormitando en su vehículo mientras esperan la llegada de algún cliente, y por supuesto, restaurantes y puestos de comida rápida por absolutamente todas partes, y esto, como podrán suponer, hizo mis delicias.


Pero Delhi no fue sólo Main Bazaar, claro está. También pudimos disfrutar del Monumento Nacional Indio, India Gate, o la Puerta de India, monumento conmemorativo a los soldados que lucharon por su país en la Primera Guerra Mundial. La foto está hecha desde el coche, era nuestro primer día en India y no queríamos morir atropellados.
No menos impresionante es el Templo del Loto, icono de la religión Bahaísta y símbolo del buen rollo mundial. Orar unos instantes en su interior, en el centro de sus hojas blancas de mármol es realmente una experiencia irrepetible.
Pero volvamos a Main Bazaar y a sus opciones gastronómicas. En un paseo por sus callejuelas antes de la cena no pudimos por menos que recurrir a sus puestos callejeros de comida rápida, normalmente, a las que los propios hindúes suelen recurrir. Bajo estas líneas, tortas de patata frita como aperitivo, unas pocas rupias y a seguir.

Pero también encontramos opciones foráneas como la cocina china en estas calles, siempre con toques hindúes. Y por cierto, la mayoría de la comida que encontraremos para hindúes son Veg o incluso Pure Veg, es decir, vegetariana.

 Aquí encontramos un corner de cocina rápida con unos noodles y unos rollitos vegetales maravillosos. Los cubiertos no son habituales, por lo que tuvimos que buscarnos una especie de palos de helado y adaptarlos como palillos. Picoteo para cuatro personas por unas 40 rupias, lo que vienen a ser 66 céntimos de euros.
Aquí les mostramos el ambiente que puede respirarse bien entrada la noche en Main Bazaar. En la foto, uno de Villalba que nos acompañaba, pero que para todos los hindúes pasaba por nepalí (no me extraña).
Pero pasemos sin más dilación a una recomendación para ustedes si se encuentran perdidos en el laberíntico universo de Main Bazaar. En la terraza del Hotel Vivek encontramos el Sam's Cafe restaurante cuya razón de ser, como no podía ser menos, es el europeo, pero que cuenta con una cocina india más que respetable, además de otras especialidades cuanto menos curiosas en mitad de Delhi. El ambiente de su terraza, tanto en los desayunos como en las cenas es muy animado.
Foto cortesía de usuaria de FLICKR PhotoSenseDatum

Como entrantes podemos recomendar de buena tinta un buen pollo a la mantequilla con arroz y el celebérrimo pollo tandoori acompañados de naam (pan) por supuesto. En nuestro caso, seleccionamos el relleno de queso, delicioso. Tandoor es simplemente "horno", donde se hacen muchos platos de esta cocina, así como muchas masas rellenas y panes. Sin embargo, el pan tradicional, el naam chapati (el más simple de todas las variedades y el que los hindúes suelen permitirse) se cuece sobre una plancha, dado su fino amasado.
Pero tenemos que destacar que nos encantaron las especialidades italianas de su horno, realmente buenas. Lasagna de carne, pizzas de muchas variedades y calzones.
Comida para cuatro personas más bien hambrientas por 1285 rupias, unos 21 euros. Y sin duda la mejor experiencia gastronómica en Delhi.
Sin dudarlo, es de los restaurantes más recomendables de la zona de Main Bazaar, especialmente sus pizzas y lasagnas.



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Restaurante Montana. Málaga

Hace tiempo que tenía ganas de acudir a este restaurante. Desde fuera la verdad es que impone, ya que está situado en un palacete del siglo XIX, en pleno barrio de la Victoria de Málaga, y a escasos metros del Santuario del mismo nombre.


Finalmente y por una ocasión muy especial decidí ver si era cierto todo lo que había escuchado del Montana.

Al llegar me encontré la primera sorpresa. Nos ofrecieron nada más entrar o Restaurante o Tapas. Hice mal y le hice caso al estómago, y es que venía de una más que copiosa comida, así que nos metimos en la parte de tapas. También hice una sutil visita a la parte de restaurante. La verdad es que ambas partes muy bien decoradas y un ambiente muy bonito. Y un patio interior realmente precioso. (Esta foto del patio la he sacado de la propia página del restaurante)


Leyendo con anticipación, en el Montana hablan de unos productos de calidad y comida de temporada y mediterránea. La verdad es que la carta sí reflejaba esta idea.

De esta forma pedimos ensaladita de ventresca y otra ensaladita malagueña.


Ciertamente la ventresca y el bacalao eran de una gran calidad. Exquisito. No se me ocurre otra palabra. 


Eso sí, para mi gusto, la ensalada en sí un poco de falta de aliño. No sé, se me quedó algo sosa. Quedó más rica la malagueña, en parte por esto mismo de lo que hablo. Al tener naranja no quedaba tan sosa.

Como con las ensaladitas, pedimos dos tostas. La de salmón, al igual que antes, muy rico el salmón, pero igualmente lo noté falto de algo que lo acompañara, y eso que la tosta era “Tosta de salmón con crema de manzana asada y salsita de queso de Ronda”. La manzana no la noté por ningún lado y la salsita demasiado espesa.


En cambio la tosta de boquerones con mojo manchego fue de categoría.


Los boquerones en sí riquísimos, pero ese mojo manchego fue una delicia. Esa especie de ensaladilla de pimientos con especia que se ve debajo del boquerón, mezclado con éste fue toda una sorpresa y realmente delicioso.

Para finalizar, y demostrando que fue un error irse a por las tapas, me pedí un descomunal “taquitos de cordero lechal a la moruna con garbanzos y mahonesa de hierbabuena"


Tremendo. Por ponerle algún pero, al menos para mi gusto excesivas especias morunas y demasiado picante (no es lo mío el pique). Pero realmente sabroso, muy bien presentado con su olla y delicioso.
Y claro, tras pedirse algo pesado como este plato ¿para qué haber ido de tapas? Ya puestos mejor cualquiera de los platos grandes con tan buena pinta que tenía la parte restaurante...
De todas formas no me arrepiento. Así probé más cosas, y por supuesto salió más barato.



También hay que destacar una extensa y fabulosa carta de vinos. Muchísimos caldos a disposición del comensal. 

Espumosos, blancos, rosados, tintos... eché de menos alguno dulce como postre,  y más estando en Málaga.

Aún así nos pedimos una copita de Cava con Denominación de Origen Duran. La verdad es que el champagne y el cava no es lo mío, pero estaba muy bueno.

Como postre de licor nos pedimos dicho cava, y para la comida disfrutamos de un  par de cervezas primero y un par de copas de Tinto Pernales, más que nada por el hecho de ser de Málaga.

Y para terminar y a la vez que el cava, los postres dulces


Un Candy-candy, cuyo nombre "complejo-guay" era Bizcocho candy-candy con sorbete de chocolate al regaliz y aceite de cítricos. Impresionante. Parece tal vez la parte más chocante, pero ese aceite de cítricos le daba un toque interesante.

Y por otro lado, en este caso no apunté el nombre "complejo-guay", pero debía ser algo así como una infusión de frutos rojos con espuma de coco. Muy rico, aunque la infusión estaba demasiado dulce. Pero de textura y sabor muy bueno.


Todo a 25 Euros por persona


Una cantidad muy asumible  (repitiendo bebida y con postres) y ajustada teniendo en cuenta la presentación, servicio (un poco lento pero atento), opciones y calidad de los productos, platos y vinos. Una extraordinaria posibilidad para disfrutar una comida de alta calidad.


    Restaurante Montana
    Calle Compás de la Victoria 5
    29012. Málaga
    Tfno: 952 651 244 y 952 263 281


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viernes, 23 de julio de 2010

Comer en Nueva York (IX). Los desayunos

Cuando tenemos Junta Directiva de esta paginaza, mi compañero Abellaner se echa las manos a la cabeza cuando le digo que aún me quedan un par de entradas de la serie “Comer en Nueva York”.

La verdad es que realicé ese viaje hace ya más de un año. Rebuscando en lo recóndito de mi alma (toma ya) creo que sé el motivo de mi espera, sé por qué lo alargo tanto y tanto.

Y es que escribir sobre este viaje, me transporta de nuevo a Manhattan, a sus calles, su ambiente, su energía inmensa, sus infinitas posibilidades. Reviso las fotos, veo videos, recuerdo anécdotas, y la verdad me alegra. Porque Nueva York es una absoluta maravilla.


(Por si a alguien no le ha quedado claro si me gustó o no NY)

Por ejemplo, dos de los edificios más famosos, y desde mi punto de vista los más bonitos:

El Flatiron Bulding, que fue en su momento el edificio más alto de Nueva York. Aparte de por la altura, esa forma tan especial hizo que hubieran apuestas a ver cuánto tiempo duraba sin derrumbarse. Se construyó en 1902. Y todavía hoy día es sorprendente


El Chrysler. Preciosa parte final del edificio, fue el más alto del mundo cuando se finalizó (1.930) aunque sólo le duró 11 meses hasta que el Empire State lo adelantó.


Aquí está el gran (o uno de los tantísimos) emblemas de Nueva York, el Empire State (el de King Kong como dice una que yo me sé) en una foto tomada desde el Rockefeller Center con toda la isla de Manhattan a lo largo. Incluso si se acercan a la pantalla, a la derecha en una islita se ve la Estatua de la Libertad.


Mejor sigo: Esta entrada, la penúltima, es casi un autohomenaje que me hago. La idea es hablar de los desayunos en Nueva York.

La verdad es que la milonga del cambio horario (como he escuchado a más de un experto en viajes) es totalmente cierta. Cuando llegas allí, estás destrozado a las 7 de la tarde, y te despiertas a las 6 de la mañana… con mucha hambre, claro.

La idea del desayuno como comida fuerte, tiene todo su apoteosis aquí. Yo por supuesto probé todo lo que pude. Siempre contundente, claro.


El primer error, para mi gusto, del visitante europeo a Nueva York es procurar desayunar en el Starbucks. Se supone que es un café que se adapta algo más a los gustos del viejo continente. Pero no estamos en el viejo continente, y peor aún, un desayuno en el StarBucks lo puedes hacer en Madrid, Barcelona o Málaga. Ya hay Starbucks en todos lados.



Hay que ir a cualquier sitio para desayunos típico, los hay por todos lados. Todos atendidos por hispanos, por lo que es fácil pedir o cambiar algo. Por ejemplo conseguimos que si pedíamos tostadas “sólo” nos pusieran 3, puesto que sirven 6. No hace falta decir que con mi dominio bilingüe del inglés, podría haberlo conseguido en la lengua de Shakespeare, pero por respeto, prefería hacerlo en la lengua de Cervantes.

Que por cierto, para aquellos que crean que en Nueva York no hay nada que ver más allá de bloques de cemento


Sant John the Divine, la catedral neogótica más grande del mundo, y una de las más grandes del mundo de todos los estilos.
No se creerán ustedes que la foto con el puesto de los perritos calientes y piscolabis varios delante fue al azar o sin darse uno cuenta ¿verdad?

Como ya he dicho, en los desayunos lo importante es la contundencia. Por ejemplo bocadillo de bacon con huevo. El café, curiosamente, te lo van rellenando hasta el infinito, por lo que no hay problema para bajarlo.


Y es que claro, ante una ciudad de esta magnitud, hay que empezar con energías

También como el que no quiere la cosa uno se encuentra con la calle cortada y este espectáculo. 
video
Resulta que el Príncipe Harry (o el otro, no me sé los nombres ni quién es quén, la verdad) estaba de compras en el Rockefeller Center. Como no podía ser de otra manera hice de buen turista, pero sobre todo de excelente corresponsal de Guisaillo Papa y me puse a esperar (sin saber a quién estábamos esperando) y grabé este supervídeo. Es un clásico encontrarse algún famoso o ver rodar una peli en Manhattan.

Haciendo un enlace mágico con la frase de antes, otro ejemplo clásico de desayuno son las gachas, creo. Y digo creo porque pedí sin saber qué era y me pusieron esto. 

Yo diría que son gachas con fruta.
Nada especialmente sabroso pero bastante rotundo en el estómago.

Aunque para “rotundo” algunas bromas que te podías encontrar en el mítico MOMA.

Arte”, te cagas (hablando mal y pronto... y nunca mejor dicho, porque sino ¿Qué se supone que es esto que estaba en una sala?)

Esto, y digo “esto” son un par de ejemplos, aunque el MOMA fue el Museo que más me gustó, para mí mejor que el Metropolitano o el Guggenheim o el de Historia Natural y sus típicos dinosaurios.


Te encontrabas, aparte de bromas como las de antes, obras maestras como estas


Una pena que salga borrosa y descuadrada... pero ya he reconocido que no soy un alumno aventajado de la fotografía... Y es que la persistencia de la memoria no puede llamarse de otra manera que no sea Arte.
De todas formas, fue un poco decepcionante este cuadro, y es que es uno de mis favoritos pero al verlo en directo no colmó mis expectativas: Es un cuadro muy muy pequeño, y no me impresionó.

Todo lo contrario que las Señoritas de Avignon. A pesar de ser malagueño, el arte de Picasso, aunque no crea que sea un timo como lo de antes, nunca me gustó. Pero de verdad que este cuadro verlo en directo me impresionó como ninguno.
Otras obras interesantes y muy conocidas que pudimos ver en el MOMA:


Volviendo al desayuno, algo que también me impresionó fueron las más que típicas tortitas para el desayuno.


Esa especie de mermelada-jarabe-sirope, acompañado de esa masa untada en mantequilla era más que contundente. Incluso he cogido el diccionario para encontrar una palabra más contundente que contundente. Yo al menos no la he encontrado. Tres tortitas “solo” y fue como tres platos de potaje. Prefiero no saber de qué estaba hecho esa viscosa salsa, pero la dosis de azúcar y grasas tuvo que ser memorable.

Para remediar tanto prefabricado, también había muchísimos puesto de fruta en cada esquina de NY, para que luego hablemos de sólo comida basura. Eso sí, no me pregunten la procedencia de esa fruta.



En definitiva y para qué engañarnos, nada especialmente destacable desde el punto de vista gastronómico, pero una parte más de la comida en NY, además he aprovechado para hacer otra pequeña ruta por Manhattan. Y es que sí:



Toda la serie aquí:
COMER EN NUEVA YORK:
Comer en Nueva York (III). Restaurante Griego Avra 
Comer en Nueva York (IV). Una hamburguesa de verdad. Corner Bistro
Comer en Nueva York (V). Italiano Bottino
Comer en Nueva York (VI). Un Crepe en el Soho. Hampton Chutney Co.
Comer en Nueva York (VII). Birdland. Jazz en estado puro 
Comer en Nueva York (VIII). El puente de Brooklun. Restaurante Acqua


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miércoles, 21 de julio de 2010

La Dolores. Madrid

Muy cerca de la Cervecería Cervantes (justo aquí abajo comentada) nos encontramos con otro buen sitio para unas tapas.

Sitio con más solera y clásico, desde 1.908 indica en la entrada:


A pesar de que haya unas 4 o 5 mesas para sentarse, es el típico sitio para tapear en la barra o de pie o en taburetes altos.

Cañas bien tiradas, y comida de calidad. Eso sí, el servicio un poco “rudo”. Algo de amabilidad nunca sobra señores camareros.

Precio algo elevado pero un sitio especial y con buena comida.

En este caso estos bocadillitos de chipirones y de jamón de pato, sobre todo este último muy rico, aunque ciertamente el pato es una de mis debilidades, junto a pepinillos rellenos de anchoas y boquerones. Buenísimos.


Y una ración de boquerones bastante interesante.


En conclusión, lugar interesante y recomendable para tomar algo como aperitivo o tapeo, algo caro y con el servicio mejorable. No es que yo sea un señorito y necesite una alfombra bajo los pies, ni mucho menos, pero un poquito de simpatía haría más agradable la estancia.


Dónde encontrarlo...
    Plaza de Jesús, 4
    MADRID
    Tel.: 914 292 243‎‎   ANTÓN MARTÍN




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