lunes, 27 de octubre de 2008

Restaurante la Antigua Tahona. Rascafría. Madrid

Aprovechando que ví el cartel de las X Jornadas Gastronómicas de Montaña en Rascafría, Madrid, nos metimos directos para un restaurante con muy buena pinta que nos pillaba de camino a la hora de comer. Y si bien es verdad que al final ni comí setas ni caza, mira tú por dónde, algunas cosas me llamaron la atención como para realizar el comentario de este local, a buen seguro tan visitado los fines de semana por los madrileños ávidos de un poco de aire puro. Además, sirva este apunte como recomendación para visitar este bonito pueblo de la Sierra de Madrid y probar esos productos tan destacables de estas fechas.

La Antigua Tahona cuenta con un local estupendo en la Avenida del Paular, con un coqueto comedor decorado con motivos rústicos y que resulta verdaderamente agradable, a pesar de encontrarse hasta la bola en mi visita. Pero las buenas temperaturas, el solecito reinante y el asueto correspondiente a miles de criaturas los domingos hacían de este día ideal para ponerse bien de colesterol. Destaco además que la carta cuenta con amplias variedades de pastas y pizzas cocinadas al horno de leña, viandas que no probé porque en esta ocasión venía pensando en otras cosas.

De entrante, y para seguir con mi régimen habitual, pedimos picadillo de matanza, que estaba muy bueno y para nada aceitoso, y que acompañamos con el pan de pueblo que sirven (impresionante). Lo que sí que no estaba dispuesto a perderme era la ternera de la Sierra de Madrid, y así degusté un buen entrecote a la brasa con patatas fritas, aunque al servicio de sala debí parecerle algo bajo de tensión ya que le pusieron bien de sal. También probamos el cuchifrito, que como ustedes saben, si es que son de Andalucía para arriba, consiste en cochinillo troceado y frito en su punto, quedando la historia bastante crujiente.

Para destacar, la carne, estupenda, sabrosa, aunque algo pasada para mi gusto y como ya he comentado, salada. Para olvidar, el servicio. Si bien resulta amable y atento, se ve desbordado y comete errores (comprobé como no sólo se equivocaron en el reparto de platos con nosotros, sino con varios comensales más). Esto debe cuidarse mucho más. Por otro lado, el precio no es popular precisamente, aunque este aspecto se ve compensado si eres bien servido, por la calidad y si marchas satisfecho. Como resumen, un local correcto sin más, pero prueben la carne y después den un paseo hasta el Monasterio de El Paular.

22 euros, sin vino ni postre ni café, que estamos a final de mes (puede subir bastante la media)
VALORACIÓN GUISAILLO: 7,00

JORDÁN ABELLANER
jordanabellaner@gmail.com

sábado, 25 de octubre de 2008

Oda a la Chirimoya

Después de que nos atreviéramos aquí a hacer otra oda (nada menos que a la sardina), ahora me lanzo a “odear” a la chirimoya.

Por si alguien no lo sabe, soy la reencarnación pura de Gustavo Adolfo Becquer... Aquí vienen mis primeras líneas poéticas que me incita escribir una chirimoya:

¡Chirimoya, Chirimoya!,
sin ti se me va la olla
no picas tanto como una cebolla,
no hace falta cocinarte en una olla...
Pero vales más que una joya.


Ya en serio. Hace unos pocos de veranos fui a visitar a unos familiares en el Norte, concretamente en un pueblo de Logroño (ahora no voy a hacer más rimas ¿eh?). Pues bien, hablando de cosas triviales, salió el tema de la fruta preferida.

Yo rápidamente contesté: “Chirimoya”, y creyeron que estaba de cachondeo. ¿Eso qué es? (me decían).

¡¡SALTARON TODAS LAS ALARMAS!! No sabían qué era una chirimoya... Lo peor de todo es que luego descubrí que en variados sitios de España tampoco saben qué es.

Imaginé mi vida sin haber probado jamás una Chirimoya... la oscuridad envolvió mi alma, por lo que tengo el deber moral de hacerlo saber a todo el mundo. Así que voy a hablar sobre esta maravilla de la Diosa naturaleza.

Aquí tenemos una Chirimoya:

Como diría otro gran escritor (como Becquer o yo mismo), en este caso Shakespeare: ¡Chirimoya, o no Chirimoya! Esa es la cuestión...

Pues la cuestión está clara: ¡CHIRIMOYA!

La Chirimoya es un fruto originario de América, por Perú y Ecuador más o menos. A parte de tener un sabor muy característico y tan delicioso, tiene una forma muy peculiar de comerse.

Se corta con un cuchillo por la mitad, y así nos muestra su carnoso, delicado, sabroso y majestuoso interior.


Hasta estéticamente es preciosa. Ese blanco, mezclado con las pipas tan negras, y su verdosa piel, hace que estemos hablando de uno de los más apetitosos hitos evolutivos en la historia del mundo vegetal.
Una vez cortada por la mitad, con una cucharilla de postre uno va dando cuenta de todo su interior. Incluso una operación un poco pesada como ir expulsando las pipas que te encuentras, se convierte en un ritual agradable y divertido.

Uy, que plato más mono, no me había fijado hasta ahora...

En un documental de la BBC de reciente emisión se ha descubierto que gran cantidad de mamíferos disfrutan degustando este manjar, tanto es así que tras la colocación de forma magistral de una cámara en una situación estratégica se ha podido ver cómo determinados animales consumen este fruto:



Uy, que camisa más mona, no me había fijado hasta ahora


El resultado de abrir una chirimoya no puede ser otro que dejarla así:


Otro dato curioso de las chirimoyas, es que se compran cuando están duras como una piedra, y cada día a la hora del almuerzo o la cena, delicadamente y con toda la ternura del mundo te acercas a ella, mientras le hablas cariñosamente, susurrándole... y vas pidiendo a todo lo que se te ocurra que esté en su punto...

La tocas, está blandita, pero entera.... ¡Sí, está en su momento! La alegría que recorre el cuerpo es inconmensurable.

Puedo prometer y prometo, que cuando me acerco a una chirimoya que compruebo que está en su punto, empiezo a salivar con una sonrisita malévola, a la vez que me dirijo a por un cuchillo y a por una cuchara.

Finalizo ya este auto homenaje que me acabo de brindar, dándole las gracias a Blanca. Sí, cuando yo era joven (y un poco tontín) no me gustaban las chirimoyas... Realmente nunca las había probado... Hasta que un día Blanca (la mujer de mi hermano) me aseguró que no me arrepentiría. Como ya era mayor (y un poco tontín) me atreví.

Creo que fue la mejor decisión de mi vida, sin exagerar demasiado, jejeje.
Y sí, sé que he sido bastante tremendista... pero cada uno tiene sus paranoyas....

¡¡Madre mía, el destino!! Paranoya.... paranoya rima con ¡Chirimoya!

CHIRIMOYA, TE QUIERO.

Un saludo.

CARRASCAL BOLLO
carrascalbollo@gmail.com

lunes, 20 de octubre de 2008

Restaurante Hindú Moharaj. Madrid


PAN MOHARAJ
ARROZ CON VERD
URAS
VERD
URAS MOHARAJ
CORDERO BALTI

CERVEZAS KINGFISHER

CAFÉS












En la recoleta calle de Buenavista, en esa mistura del curioso unive
rso Lavapiés, encontramos este hindú pequeñito y acogedor, que cuenta con su hermano mayor en la calle del Ave María; personalmente, prefiero este al que hago referencia. Recuerdo la primera vez que entré, totalmente por azar. Los manteles de papel, unas poquitas mesas en un recogido comedor y una comida espectacular a un precio muy razonable.

Después he vuelto muchas veces, algunas veces para cenas casi multitudinarias para las dimensiones del local. Pero si algo he de destacar es el estupendo servicio que te hace sentirte como en casa y la confianza que se establece con Abdul, el dueño, al que puedes pedirle sin problema que te aconseje sobre los platos que debes pedir. Es un tipo curioso donde los haya. A veces uno se entusiasma pidiendo y en alguna ocasión me ha dicho: No pidas más, ya está bien.

Otras veces lo he encontrado por el barrio y haciendo gala de su amabilidad nos ha saludado, acompañándonos y acomodándonos personalmente en la mesa antes de proseguir con sus cosas.


He podido degustar casi todas las maravillas de la carta, entre ellas un maravilloso pollo tandoori, pero al final, es habitual pedir la combinación que presento en esta entrada, con el pan especial Moharaj, esponjoso, ligeramente dulce y relleno de queso, verduras y con un toque de perejil y cilantro muy característico. El cordero balti, ligeramente picante, sorprende por su sabrosura y por lo tiernito que está.

Su después de mojar el pan en la salsa balti no quedamos satisfechos habrá que pensar en pedir las verduras Moharaj, deliciosa berenjena, coliflor, calabacín y patata cocida y con una salsa con base de yogurt y curry, pero dulce, muy dulce, con unos contrastes de sabores y texturas impresionantes.



Restaurante más que destacable de los cientos que podemos encontrar en este maravilloso babel de Lavapiés, siempre con ese olor a oriente en sus corralas.

Entre 10 y 15 euros
VALORACIÓN GUISAILLO: 9,73

JORDÁN ABELLANER
jordanabellaner@gmail.com


domingo, 19 de octubre de 2008

Restaurante Japonés Musashi. Madrid



En pleno centro de Madrid encontramos una opción en cocina oriental inmejorable por varias razones: la principal es que toda la comida está rica; la no menos importante es su más que asequible precio, a diferencia del resto de locales de estas especialidades que, dejando aparte cadenas wok y similares, suelen ser no caros, sino carísimos, teniendo en cuenta que sirven lo mismo, poco más o menos. Finalmente destacar su situación, en calle Las Conchas, a un paso de Callao y Ópera, en una calle repleta de mesones, tascas y bares de raciones. También resulta importante el servicio, rápido y atento. Por todas razones de peso, siempre hemos encontrado Musashi lleno de comensales, a menudo del país del sol naciente (véase en la foto el señor nipón junto a la puerta) resultando un indicador de peso a la hora de confiar en el local.


En nuestra elección para el día de hoy elegimos como entrante una sopita de miso, un teriyaki de pollo para continuar, acompañado de un arroz de sushi. Como segundo a compartir, unos rollitos de atún, como estos de la foto.

Un local pequeño, sin aspavientos en la carta pero contundente en lo que viene importando, que es comer bien sin dejarse un riñón. Asia a precio de menú del día, que por cierto, tienen. Cierra lunes.

Entre 10 y 12 euros.

VALORACIÓN GUISAILLO: 8,09

JORDÁN ABELLANER
jordanabellaner@gmail.com